sábado, 17 de junio de 2017

La guerra tiene rostro de mujer.


El año pasado escribí un libro sobre Güemes. Es una novela histórica para chicos en la que un abuelo al borde de los cien años le cuenta a su nieta, en 1906, como fueron sus días junto al General Güemes.
Rescaté la figura de Güemes que me parece injustamente olvidada. Un hombre que defendió el norte del país de siete invasiones españolas hasta que murió en una emboscada en 1821. Los mejores militares españoles, los que habían luchado contra Napoleón,  no pudieron con Güemes. El propio José de San Martín halagaba al salteño y la historia demostró que sin la defensa del norte de Argentina el Libertador no podría haber finalizado su hazaña.
Entre la bibliografía que consulté para escribir el libro encontré datos que me parecieron fascinantes sobre las mujeres que ayudaron a la defensa del Norte.
Algunas mujeres son muy conocidas, como Macacha Güemes o Juana Azurduy. Pero las historias que a mi me gustan son las de las mujeres casi desconocidas y que fueron fundamentales en la libertad del país.
Muchas de ellas, la mayoría, han sido olvidadas. Y ese olvido es llamativo ya que dos de los padres de nuestra Patria, San Martín y Belgrano, no ahorraron esfuerzos en reconocerla y hasta premiarlas con rangos militares.


El rol de estas mujeres en la Guerra de Independencia fue crucial. Además de organizar tertulias o reuniones conspirativas en sus casas, habían logrado tejer una red de espionajes validas de los más ingeniosos trucos.
Fundamentalmente llevaban y traían mensajes. A veces oralmente, a veces escritos. Escondían los papeles en los ruedos de las polleras, en los canastos de la ropa cuando iban a lavarla al río y hasta en troncos de determinados árboles para que la persona designada pudiera encontrarlo. Algunas mujeres se valían de sus encantos para dejarse cortejar por señores pertenecientes al bando realista y así enterarse de asuntos relevantes. Otras lograban inmiscuirse en los cuarteles para enterarse con cuántos soldados contaba el enemigo. 



Es importante señalar que estas mujeres corrían verdadero peligro porque los españoles eran despiadados con los castigos y el hecho de pertenecer al sexo femenino no era excusa para ser menos despiadados.
El mismísimo general realista Joaquín de la Pezuela le informó al virrey en Perú:

"Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega otra no menos perjudicial que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente de las mujeres, cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este Ejército.”

Pero las mujeres también participaban de una forma que hoy probablemente sería denostada pero que fue fundamental para los ejércitos patriotas En los campamentos, colaboraban, con escasos o nulos recursos, cocinando para las tropas, preparando las vituallas para las expediciones, reparando armas, atendiendo a los heridos de las batallas y hasta enterrando a los muertos.
Aquí una reseña de cuatro de esas valientes mujeres.

Juana Robles
Juana Robles fue una esclava que, por su condición, no tenía inconvenientes de salir de la ciudad de Salta, aún cuando estaba sitiada. Aprovechaba esto para traer y llevar información.  En una ocasión fue apresada portando documentación y condenada a muerte. El ingenio de Juana pudo más y alegó estar embarazada, lo que la salvó de la muerte. 
El castigo fue pasearla por la ciudad, montada en un burro, semi desnuda y emplumada. Las humillaciones públicas eran un castigo frecuente entre los españoles.


Juana Moro


Juana Gabriela Moro de Díaz López fue una jujeña hija de un funcionario de la Corona española.
Su casa funcionaba como punto de reunión de revolucionarios y de fugados del ejército español que se pasaban a las filas patriotas. Fue una de las organizadoras de la red de espionaje después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.
Pero nuestra Juana Moro pasó a la fama por el castigo que recibió cuando fue apresada. Ella solía montar su caballo y recorrer la ciudad y los alrededores en busca de información. La primera vez que la apresaron fue obligada a cargar pesadas cadenas como castigo. Pero la segunda vez fue la definitiva y la condenaron a muerte.
Anteriormente les conté que ser mujer no era un atenuante en los castigos que imponían los realistas. En el caso de Juana fue un agravante. Pezuela la condenó a morir pero no en un pelotón de fusilamiento. Juana fue encerrada en una habitación de su casa, con puertas y ventanas tapiadas para que muriera de inanición.
Los vecinos, aún los simpatizantes de la corona, horrorizados ante la situación abrieron un boquete y liberaron a Juana. Desde ese día se la conoció como “La Emparedada”. 
Pero si creen que esto amedrentó a Juana, están equivocados. Juana continuó con su red de espionaje y se cuenta que andaba disfrazada de coya por los montes para conocer la posición del enemigo. 


Loreta Sánchez de Peón


Loreta fue una valiente bombera. No, no apagaba incendios. Bombero era el nombre con el que se conocía a los espías para la causa independentista. 
Loreta fue una ingeniosa espía. Nada le habría envidiado a Mata Hari de haber vivido la misma época. Una de sus formas de espionaje consistía en lograr entrar a los cuarteles enemigos con la excusa de vender panes o pastelitos. El verdadero objetivo era conocer la cantidad de soldados enemigos. Para poder hacer eso sin levantar sospecha llevaba una bolsita en la que ponía un grano de maíz por cada soldado que veía.
En algunas oportunidades se disfrazaba de india y se sentaba en los portales de las principales casa de altos mandos simulando vender pastelitos para poder escuchar alguna información. Otras se vestía de gaucho para internarse en el monte en búsqueda de otras espías para pasar datos.
Otra de sus tácticas era la de llevar papeles con mensajes a un tronco de un árbol que se levantaba a orillas del río Arias. Ahí, en un hueco, escondía los papeles que más tarde retiraba el encargado de buscarlos, el Coronel Luis Burela.
Se dice que en en 1817 el General De La Serna planeaba una invasión entrando por los Valles Calchaquíes y como distracción invitó a un baile a la población. Loreta aprovechó ese baile y el contraste entre su pelo castaño y sus ojos azules para acercarse a un oficial que, embelesado con ella, le contó los planes. La valiente bombera esta vez si controló un incendio porque montó su caballo y advirtió a los patriotas que pudieron armar la defensa y derrotar a De la Serna.



 Gertrudis Medeiros


        Gertrudis Medeiros fue otro gran ejemplo de patriota y también de la crueldad de los realistas. Era viuda del coronel Juan José Fernández Cornejo. En un comienzo ayudaba a la causa aportando ganado, caballos y víveres. Acusada de prestar estos servicios fue tomada prisionera y  destrozada su propiedad: saquearon la hacienda, talaron sus campos e incendiaron su huerta. Su casa de la ciudad de Salta frente a la Plaza Mayor se convirtió en cuartel español.
       Logró la libertad tras la victoria de la Batalla de Salta pero no duró mucho. Luego de la Segunda Invasión Realista resistió, arma en mano, en lo que quedaba de su hacienda pero fue apresada. Permaneció atada a un algarrobo hasta que fue obligada a caminar hasta Jujuy junto a sus tres hijas.
La Medeiros le demostró a los españoles que las mujeres de estas tierras no eran fáciles de vencer y desde Jujuy siguió pasando información. Fue condenada a morir en el Socavón de Potosí “de donde nadie salía vivo”. Excepto ella, claro. Logró escapar y volvió a Salta caminando. Nunca claudicó. Murió pobre y sin ser reconocida aún cuando el propio general Belgrano intercedió ante las autoridades de Buenos Aires para que se le otorgara una pensión por los servicios a la Patria.
Ahora pueden ver porqué la guerra de independencia en nuestro territorio, contradiciendo el famoso libro de la Premio Nobel de Literatura Svetlana Aléksievich, si tuvo rostro de mujer.


sábado, 11 de febrero de 2017

La Olimpia de Francia.



Meses sin escribir en este blog pero siempre vuelvo.  Esta vez volví, en el primer post del 2017, para presentarles a Olimpia de Gouges que tal vez no es muy conocida pero que perdió la cabeza por los derechos de la mujer. Literalmente.

María Gouze, tal el verdadero nombre de Olimpia, nació el 7 de mayo de 1748 en Mountauban, Francia. Su padre era un carnicero y su madre una vendedora de telas (aunque se dice que su padre biológico fue el poeta Jean-Jacques Lefranc su padrino). En 1765 se casó con un hombre bastante mayor que ella, Pierre Aubry. De ese matrimonio ella declaró ser infeliz y calificó al matrimonio en general como una “tumba de la confianza y del amor”. 

Al tiempo de casarse María quedó viuda y con un hijo que llevaba el nombre del padre. El marido al morir le legó unos 70 mil francos de renta.En 1770 ella y su hijo partieron a Paris donde María se ocupó de darle una buena educación a su hijo. Allí, en la capital del reino, María cambió su nombre por el de Olympe de Gouges y se dedicó a la literatura y a la dramaturgia. 

Escribió varias obras de teatro y hasta montó una compañía de teatro. Entre sus obras más conocidas están Lucinda y Cardenio, El hombre generoso, El filósofo corregido, entre otras. Pero uno de sus temas predilectos era la abolición de la esclavitud. Olympe fue una defensora de los derechos humanos literalmente. No fue la defensa de los derechos de la mujer su único objetivo. Fue una verdadera humanista. Su obra  Zamore y Myrza fue admitida en la Comedia Francesa y se representó en 1789 con el título La esclavitud de los negros cuyo contenido era abolicionista. Anteriormente, en 1788 publicó el ensayo Reflexiones sobre los hombres negros que le permitió la entrada al Club de los amigos de los negros del que fue miembro. En 1790 apareció otra de sus obras sobre el mismo tema El mercado de los negros. 


Como defensora de los derechos de las personas y ciudadanos cuando en 1789 estalló la Revolución Francia, Olympe tomó partido por esta. Más tarde combatiría el Terror que se había apoderado de Francia con el mismo ímpetu que defendió la revolución, al ver que los que blandían las banderas revolucionarias cometían las mismas atrocidades que se habían cometido en el Antiguo Régimen.

Con la revolución Olympe comenzó a escribir artículos políticos, algunos fueron publicados por el diario Journal Général de France. Asimismo publicó escritos políticos como Las tres urnas, El espíritu y Un testamento político.

Pero es en 1791 cuando publica su escrito más importante y famoso. La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, basándose en la Declaración de los Derechos del Hombre, estandarte de la revolución Francesa.


Esta declaración de los derechos de la mujer es un escrito de 17 puntos en los que de Gouges despliega un alegato vanguardista y revolucionario sobre la equiparación e igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Estamos hablando de finales del siglo XVIII. 

Políticamente, Olympe defendió a los Girondino que, luego de ser “vencidos” políticamente  en 1793, la dejó en un lugar complicado frente a los Jacobinos, detentores del poder en ese momento. 

En agosto de 1793 fue acusada de escribir un panfleto en favor de los Girondinos y fue detenida. A través de dos textos, sus último dos, pidió ser juzgada para poder defenderse. Estos dos textos fueron Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario y Una patriota perseguida

El 2 de noviembre de 1793 fue juzgada sin abogado que la defendiera. Al otro día, el 3 de noviembre fue llevada a la guillotina donde murió. Tenía 45 años.



La historia está plagada de mujeres que lucharon por la igualdad de derechos. Porque considero que no se trata de ser iguales a los hombres, de hecho lo atractivo es la diferencia, sino de buscar la igualdad de derechos. Y esto, en mi humilde opinión, se logra a través de la educación. Educando a las niñas para ser autosuficientes, a no depender de nadie - ni de un hombre ni de otra mujer - a no tener la necesidad de encontrar  “su media naranja” porque no es mitad de nada ni de nadie. A poder tomar decisiones sobre su vida y su cuerpo. No es igualdad, es igualdad de derechos. Y por derechos me refiero a todos los derechos: económicos, sociales, académicos, todos. 


Porque no se trata de ser más o menos que un hombre. Se trata de equipararnos en derechos celebrando las diferencia.

Los dejo con los 17 puntos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y Ciudadanas que esgrimió nuestra feminista adelantada a su época. 



ARTÍCULO PRIMERO La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.
ARTÍCULO SEGUNDO El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
ARTÍCULO TERCERO El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.
ARTÍCULO CUARTO La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.
ARTÍCULO QUINTO Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y lógicas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.
ARTÍCULO SEXTO La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
ARTÍCULO SÉPTIMO Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.
ARTÍCULO OCTAVO La Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.
ARTÍCULO NOVENO Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.
ARTÍCULO DÉCIMO Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.
ARTÍCULO UNDÉCIMO La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
ARTÍCULO DUODÉCIMO La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.
ARTÍCULO DECIMOTERCERO Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.
ARTÍCULO DECIMOCUARTO Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.
ARTÍCULO DECIMOQUINTO La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.
ARTÍCULO DECIMOSEXTO Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.
ARTÍCULO DECIMOSÉPTIMO Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.







miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mi adorada Manuela.





           Después de mucho tiempo creo que llegó el momento de escribir sobre mi heroína preferida. Y no me refiero a Wonder Woman ni a Super Girl ni a ninguna super poderosa salida de Marvel o DC. Me refiero a una mujer real, tan real, que vivió la vida de la manera que quiso. Me refiero a la ecuatoriana Manuela Sáenz. Y no hay mejor día que hoy para escribir sobre ella ya que se cumplen 160 años de su muerte.
         Si le preguntan a alguien que sepa un poco de historia de la emancipación americana quién fue Manuela Sáenz seguramente recibirán como respuesta “la amante de Simón Bolívar”. Claro que fue mucho más que la “libertadora del libertador” como él mismo la bautizó en una ocasión. Y fue precisamente por este rol de “amante de” que sus papeles personales, documentación y cartas fueron quemados al morir Manuela. Por suerte, algo se conservó. Las cartas entre Simón y Manuela son espectaculares. Creo que han escrito un libro recopilándolas pero, debido al exceso de carga ideológica en Venezuela con el tema Bolívar, no se cómo será el libro o qué cartas habrán elegido.
          Me enteré de su existencia por un libro en una mesa de saldos de una librería en Belgrano.Las cuatro estaciones de Manuela se llamaba el libro. Yo tenía veinte años. Lo leí en dos días y me enamoré de Manuela. Una mujer lo suficientemente valiente como para haber roto el molde de la época, con ideas políticas propias y que no se sometió a nada, ni siquiera a Bolívar, a pesar del profundo amor que sentía por él. Luchó en la Guerra por la Independencia americana como un soldado más, fue espía, revolucionaria.              Aquí la vida de esta mujer que se cargó los prejuicios de su época y celebró la vida.



          Manuela Sáenz de Aizpuru nació el 27 de diciembre de 1797 en Quito, Ecuador.  Fue hija de Simón de Vergara (si, Simón, como Bolívar. Saludos a Edipo) y una amante de este llamada María Joaquina de Aizpuru. Debido al marco “ilegal” del nacimiento de Manuela (su padre estaba casado y tenía otros hijos), al poco tiempo de nacer sus padres la internaron en un convento para ser criada por las monjas, por lo menos hasta pasado el escándalo. Al crecer un poco fue a vivir con su madre. Recibía visitas de su padre y llegó a conocer a sus hermanos paternos. Con el tiempo las visitas de su padre se espaciaron. 
          Luego de un primer intento revolucionario en Quito, en el que Simón Sáenz participó persiguiendo a patriotas, Manuela, su mamá y dos esclavas se asentaron en la hacienda de los Aizpuru en Catahuango. En su estadía en la hacienda Manuela aprendió todas las actividades femeninas bien vistas como tejer, bordar, preparar dulces. Luego cursó sus estudios en el Convento de Santa Catalina donde aprendió a leer y escribir que era lo suficiente que necesitaba aprender una mujer en la época (aunque su madre la acercó a la lectura).
         En el convento, Manuela ya adolescente, mostraba su carácter rebelde escapándose a fiestas y vistiéndose inadecuadamente mostrando más de lo que las buenas costumbres permitían. 
         Hay un episodio que ocurrió luego de sus 17 años del que no hay mucha documentación. Se dice que Manuela huyó - o fue raptada - del convento con un tal Fausto D’Elhuyar con quien vivió un romance. Él la abandonó y desparramó intimidades por la ciudad. Los padres de Manuela, para tapar el hecho, rápidamente le consiguieron un marido. El elegido fue un comerciante inglés, James Thorne. Así, en 1817, Manuela y James se casaron. Manuela cumplió con la formalidad pero nunca lo amó. En esa época era lo normal arreglar matrimonios y el amor nada tenía que ver. Excepto para Manuela. Ella cumplía con la norma del casamiento, pero no podían pedirle que se quedara en su lugar. No se puede enjaular un pájaro libre.





          Por temas laborales de su marido, la pareja se mudó a Lima, sin saber que sería la semilla de la insurrección de Manuela (quien desde chica había tomado partido por la revolución americana al ver a su padre perseguir a los patriotas).
Hasta ahora no hemos contado cómo era Manuela. Era una mujer exuberante, es sus formas corporales y su personalidad. Era morocha, de piel blanca y de ojos negros y “brillantes” según el relato de la época. 
          Llegados a Lima, mientras Thorne se ocupaba de sus negocios, Manuela encajó perfectamente en la sociedad limeña. Comenzó a participar de reuniones con los enemigos de la monarquía española. Junto a su amiga  Rosita Campuzano, peruana oriunda de Guayaquil y ferviente de la causa emancipadora, participaban de tertulias y oficiaban de espías para la causa.
          Por los servicios prestados a la causa, el 8 de octubre de 1821,  el General José de San Martín, protector de Perú, condecoró a Manuela con la Orden del Sol con el grado de Caballeresa.
          Manuela no tenía buena relación con su marido. Los celos de él y la poca importancia que le daba ella no eran buena combinación. Además, Thorne temía que la actividad política y revolucionaria de su rebelde esposa interfiriera con sus negocios.
          A comienzos de 1822 nuestra heroína viajó a Quito para resolver un tema de herencia que se disputaba con unas tías luego de la muerte de su madre. Manuela, que poco le interesaban las riñas familiares, negoció desfavorablemente ciertas disputas con tal de no verse envuelta en enfrentamientos familiares. Ese mismo año, 1822, fue el año que cambió la vida de Manuela ya que conoció a su gran amor, Simón Bolívar.
          Luego de la Batalla de Pichincha, en la que el general Sucre derrotó a los españoles y se declaró la libertad de todas las provincias de la Real Audiencia de Quito, el 16 de junio de 1822 Simón Bolívar entró a Quito triunfante, vitoreado y esperado por una multitud. Entre esa multitud estaba Manuela, vestida impecable y exuberante, con la banda y la cruz de la Orden del Sol cruzando su pecho. Desde el balcón en el que estaba observando todo, Manuela le lanzó al general una corona de laureles que le pegó en la cara. Bolívar se dio vuelta y vio a Manuela. (Tengo que hacer un stop de los hechos históricos para imaginar por un momento ese instante en que se vieron por primera vez…)


          Por la noche, en casa de Juan Larrea y Villavicencio - casa desde cuyo balcón Manuela lanzó la corona certera - se celebró una reunión y por fin se conocieron Manuela y Simón. Como era habitual en ella, nada le importaban las habladurías y, aún habiendo sido presentada como Señora de Thorne,  acaparó la atención del general. Avanzada la velada, ambos desaparecieron en medio de rumores de la gente de sociedad.


 Manuela y Bolívar pasaron veinte días juntos, inseparables. Ella, que conocía al general San Martín, le informaba su opinión a Simón antes del encuentro entre los dos libertadores en Guayaquil. Luego de la partida de Bolívar Manuela en Quito trabajaba para la causa animando a las mujeres a coser uniformes, donando ganado de su hacienda, y aportando todo lo que podía. Llegó a ponerse al mando de un batallón de caballería para parar disturbios de insurgentes. Siempre vestida de militar, cosa que enfurecía no sólo a las mujeres de la sociedad sino también a las milicias.
           A diferencia de Manuela Sáenz, a Bolívar si le preocupaba la situación irregular que los envolvía. Esto trajo muchas peleas y discusiones en la pareja y Manuela siempre se mostró implacable. Manuela regresó a Lima y la relación con su marido era cada vez peor. El inglés Thorne moría de celos y bronca por la falta de juicio de su mujer que se mostraba no sólo como la amante de Bolívar sino también como su compañera.  Manuela se encargó del archivo personal de Bolívar y fue nombrada por él como parte del estado mayor. A casi nadie le hizo gracia esto, excepto a su gran amigo Sucre, quien le daba trato de esposa de Bolívar. Sucre y Manuela eran amigos y confidentes. 
Innumerables peleas y discusiones tan apasionadas como su amor tuvieron Manuela y Simón. Constancia de esto se ve en la correspondencia que sobrevivió a la quema de la que hablamos al principio. Pero todas estas peleas, producto de celos y reclamos amorosos, se apagaban cuando se reencontraban. 




   Luego de la batalla de Ayacucho, en 1824, que puso fin al dominio español en América, vinieron días complicados para Bolívar, debido a las peleas políticas. La enemistad del general con Santander era pública y Manuela lo consideraba su enemigo.
Entre 1825 y 1826, Simón y Manuela vivieron juntos en el Palacio de la Magdalena en Lima. En 1826 Bolívar partió de Perú y Manuela permaneció en aquella ciudad. En 1827 fue apresada y enviada al destierro. Bolívar se enteró y mandó a buscarla. Así pasaron otros meses más juntos.



          Por su parte Manuela, de tanto oficiar como espía, se enteraba de conspiraciones y así logró evitar dos atentados contra el general Bolívar. Uno de esos atentados estaba previsto ocurrir  en una fiesta de disfraces organizada en el Coliseo. Manuela le advirtió a su hombre que no fuera y Simón lo tomó como habladurías. Al acercarse la medianoche, una mujer apareció en el lugar, aparentemente una mujer sin hogar, sucia y desprolija, que empezó a gritar y maldecir llamando la atención de todos los invitados, especialmente de Bolívar. Al salir a la calle Simón reconoció a Manuela disfrazada quien, y al provocar un disturbio y distracción frustró el crimen.
          En otra oportunidad, en 1928,  estando juntos en una habitación del Palacio San Carlos, Manuela logró que Bolívar escapara por una ventana cuando escuchó los gritos de los conspiradores. Ella los esperó en la habitación espada en mano. La golpearon y la patearon provocándole daños pero Bolívar pudo escapar una vez más gracias a su adorada Manuela. Y, es a partir de este episodio que se él comenzó a llamar la “la libertadora del libertador”.




          El amor apasionado entre Bolívar y Manuela siguió hasta 1830, cuando Bolívar renunció a la presidencia de Colombia y se retiró a Santa Marta. Cabe aclarar acá que mucho estamos salteando de la historia de Bolívar, pero en realidad quiero dedicarme específicamente a Manuela, por eso no hago hincapié en todos los acontecimientos políticos que involucraron al General Bolívar.
En diciembre de 1830 murió Bolívar dejando a Manuela devastada (casi puedo imaginar el dolor de Manuela).
          Muerto su amante y protector, Manuela fue desterrada y se exilió en Jamaica. En la isla estuvo un año y cuando quiso regresar a Quito no le permitieron quedarse porque la consideraban peligrosa. Habiendo perdido todas sus propiedades, incluso las legadas por su marido que había sido asesinado, se asentó en el puerto de Paita, en Perú.
Vivió el resto de su vida en Paita. Preparaba dulces, confeccionaba tejidos, hacía bordados y, económicamente, se mantenía con la venta de tabaco. También hacía traducciones. Fue visitada por personalidades de la talla de Juan Garibaldi - con quien se dice recordaban juntos a Dante - Simón Rodríguez - famoso ensayista y filósofo venezolano - y por Gabriel García Moreno, quien luego sería presidente de Ecuador.
          En 1856, a la edad de 59 años, Manuela Sáenz murió de difteria.



        Manuela me conmueve, me interpela, me atraviesa como mujer valiente que decidió hacerse cargo de su vida. Decidió vivir plenamente la vida, no sólo transitarla, hacer lo que realmente quería y sentía. A pesar de todo. En contra de todo. De los prejuicios, de la moral de la época. Luchó por la libertad en la que creía como única forma de desarrollo del ser humano. No se sometió a ningún hombre: ni a su padre, ni a su marido. Ni siquiera al propio Bolívar a pesar de ser su gran amor y admiración.
          Los dejo con estos versos que escribió Pablo Neruda como homenaje a la gran Manuela, llamado La insepulta de Paita:

“¿Quién vivió? ¿Quién vivía? ¿Quién amaba? 
¡Malditas telarañas españolas!  
En la noche la hoguera de los ojos ecuatoriales, 
tu corazón ardiendo en el basto vacío: 
así se confundió tu boca con la aurora. 
Manuela, brasa y agua, columna que sostuvo  
no una techumbre vaga sino una loca estrella.  
Hasta hoy respiramos aquel amor herido, 
aquella puñalada de sol en la distancia”


sábado, 12 de noviembre de 2016

East St. Louis riot.





          Estoy escribiendo - o intentando escribir - una novela ambientada en la década del 20. Por eso, desde septiembre, estoy leyendo e investigando todo lo que pueda de esa época. Especialmente lo concerniente al jazz en esa época.
          Uno de los grandes acontecimientos en el espectáculo hacia fines de esa década fue la visita de Josephine Baker a la Argentina, que, debido a su raza - era afroamericana - y a ser mujer que exhibía su cuerpo en espectáculos, generó escándalos en todos los lugares que cantaba y actuaba.
         Además de leer decidí buscar filmaciones de la época. Así encontré una película biográfica sobre Josephine Baker. Empecé a verla mientras cocinaba. Me llamó la atención una escena muy violenta de ataques de blancos a personas afro americanas en la ciudad de St. Louis. Un hecho no muy conocido que se llamó St. Louis Riot. 
          A principios del siglo XX, especialmente luego de la Primera Guerra Mundial, las compañías del norte de los Estados Unidos salieron a buscar personal en el sur del país para trabajar en sus empresas. Los hombres que antes trabajaban allí se alistaban para participar de la Gran Guerra y dejaban vacías las fábricas. Así comenzó la Gran Migración de la que hemos hablado en este blog.
          A los afro americanos del sur, muchos ex esclavos, todos trabajadores rurales, especialmente de plantaciones, se les ofrecía un trabajo en las ciudades de los estados del norte y el pago del traslado. Además, como un agregado, se les prometía que podían vivir en comunidad con otros afroamericanos donde podrían afianzar sus lazos políticos y culturales. Era una oferta muy tentadora para quienes estaban acostumbrados a la vida dura y difícil de las plantaciones.
          Uno de esos estados fue Illinois (más central que norte), y una de esas ciudades fue St. Louis. En East St. Louis ocurrieron los hechos durante julio de 1917.


          Los problemas comenzaron en mayo, precisamente el 28 de ese mes en que unos tres mil trabajadores blancos se organizaron para reclamar por el trabajo de los afro americanos. Este grupo de blancos se quejaba de la migración de hombres negros que les “quitaban” sus trabajos y los acusaban de rompe huelgas. Luego de la reunión con el Intendente de St. Louis, los trabajadores blancos vandalizaron la ciudad, paraban los tranvías para bajar a las personas de color y golpeaban a cuanto afro americano se les cruzara por la calle.

          El gobernador Lowden llamó a la Guardia Nacional para proteger a la ciudad pero el 10 de junio fue retirada.
          La violencia se reanudó el 1º de julio. Unos hombres blancos en un auto pasaron por el barrio donde se concentraban más afro americanos y abrieron fuego contra las casas hiriendo y matando a cualquiera que estuviera ahí. Los afro americanos se organizaron para defenderse. Más tarde, otro auto se acercó al lugar y el grupo de defensa de afroamericanos disparó al auto, probablemente creyendo que se trataba de agresores. Pero en el auto iban dos oficiales de policía - que murieron - y un periodista.


          Este  hecho alcanzó para que una turba de hombres blancos de la ciudad arremetieran contra todos los hombres afro americanos.
         Durante los días 2 y 3 de julio los blancos quemaban casa de personas negras y cuando salían los mataban. El que no moría quemado o por balas era colgado. Golpeaban personas sin distinguir edad ni sexo. Sólo importaba que fueran afro americanos. Niños, niñas, jóvenes, mujeres, todo era blanco de agresión.



          Curiosamente Josephine Baker era una niña que vivía en East St. Louis y fue golpeada durante la masacre. Y digo masacre porque en este hecho perdieron la vida más de 200 personas afro americanas.


          La revuelta terminó con la llegada de la Guardia Nacional, aunque no fue inmediato. Como consecuencia murieron más de 200 afroamericanos, se destruyeron más de 300 casas y 44 autos. También se destrozaron decenas de negocios,  el depósito de la Southern Railway Company y un teatro.
          La NAACP - National Association for the Advancement of Colored People - recientemente formada y que tendría gran protagonismo durante el siglo XX en la lucha por los derechos civiles, formó una comisión para investigar los hechos. Más tarde organizaron una marcha en la ciudad de New York (el 28 de julio de ese año) a la que asistieron diez mil personas. Hombres vestidos de negro y mujeres y niños vestidos de blanco.

          Un año después, un Comité formado en el Congreso de los Estados Unidos  llegó a la conclusión que la Guardia Nacional y la policía estatal no habían actuado de manera adecuada (Don’t say!). En algunos casos se negaron a atender pedidos de auxilio. Varios miembros de la policía fueron separados de la fuerza.
     Este no fue el único episodio de agresiones a afro americanos en las ciudades industriales del norte. Pero si uno de los más sangrientos.
         Los dejos con esta maravillosa guitarra que encontré en Youtube sobre East St. Louis Riot.


martes, 20 de septiembre de 2016

New Deal - Parte II


Cartel de la Work Projects Administration


          En el post anterior les conté sobre los primeros años del New Deal que implementó Franklin Roosevelt para paliar la crisis de la Gran Depresión.
       A partir de 1935 los planes para recuperación a través de las artes. Y es en este período y con estos programas en donde yo veo la intencionalidad de darle una identidad nacional a los norteamericanos, a la vez que pretendían resolver el tema de la desocupación y la reactivación. Esta identidad abarca a todos los estados de Estados Unidos y todas las razas, especialmente los Afro americanos a cuya cultura empiezan a dar énfasis para que se identificaran con el ser nacional.
       Hay que recordar que varios países del mundo pasaban en aquella época por un período de nacionalismos y de rearme que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Ser parte de un sentimiento y un ser nacional iba a aportar seres humanos para combatir por su patria en una guerra futura.

Estadísticas del Federal Art Project 

         Volviendo al New Deal, en 1935 se creó la WPA - Work Projects Administration - que fue la agencia más grande del New Deal y que empleó la mayor cantidad de desempleados (8.5 millones de personas entre 1935 y 1943), para desarrollar proyectos como la construcción de caminos, edificios públicos, puentes, etc. 
        Dentro de la WPA existió el Federal Project Number One (Proyecto Federal Número Uno) que se trataba de un grupo de proyectos que empleaba actores, músicos, artistas, escritores para desarrollar planes de arte, literatura, teatro y música. Dentro de este Federal Project Number One se encontraban estos proyectos que, como verán, fueron de gran importancia para la recuperación económica pero especialmente para la identidad norteamericana: 
Federal Art Project (Proyecto Federal de Arte)
Federal Music Project (Proyecto Federal de Música)
Federal Theatre Project (Proyecto Federal de Teatro)
Federal Writer’s Project (Proyecto Federal de Escritores)
Asimismo hubo un movimiento documental en los años 30 que también documentó la Gran Depresión.

Federal Art Project
          El Proyecto Federal de las Artes fue uno de los proyectos de la WPA que se ocupó de recuperar el empleo a través de las artes. Se promovía a artistas, pintores,escultores, muralistas y artistas gráficos. Además de darle trabajo a los artistas, se daban clases de arte a toda la población: niños, jóvenes, ancianos. Se implementaron programas culturales locales en cada distrito dentro de cada estado y se organizaron muestras de arte itinerantes. 

Logo del federal Art Project


          El gobierno federal pagaba los sueldos y las entidades locales los materiales y los equipos. 

Publicidad de una exhibición parte del Federal Art Project

       Grandes pintores fueron parte de este programa como Mark Rothko o Jackson Pollock. Como comentaba anteriormente, la comunidad afro americana fue especialmente beneficiada por este proyecto. Uno de los más destacados artistas promocionado por el Federal Art Project fue Jacob Lawrence, quien pintaba series sobre temática del pueblo afro americano como lo eran temas de esclavitud - en la serie Harriet Tubman,  Toussaint L’Ouverutre  y Frederick Dourglass - y la migración del sur al norte - en la serie La Gran Migración. Algunas de sus obras las ilustro en este post pero les recomiendo seriamente que no dejen de buscar la obra de Jacob Lawrence que, a mi criterio, es bellísima y a través de la sencillez expresa el centro de la historia del pueblo afroamericano.

Mark Rothko - The subway

Jacob Lawrence de la Serie La Gran Migración



Jacob Lawrence de la serie Frederick Douglass


         Un tema aparte es el de los muralistas. Artistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros fueron contratados en el marco de este programa para pintar murales. Claro que en este caso la ideología se mezcló con el arte - nunca están tan lejos - y eso provocó grandes problemas. Enmarcadas en el proyecto Public Works of Art projects (1933), la idea fue la realización de obras de arte - murales y esculturas - en nuevos edificios. Estas obras fueron financiadas por el Departamento del Tesoro.

Diego Rivera trabajando en el mural del Rockefeller Center
El hombre en el cruce de caminos (posteriormente destruido)


            ¿Por qué digo que aquí el arte se mezcló con la ideología? Porque la mayoría de los artistas y muralistas eran de ideología de izquierda y eso reflejaban sus obras. Había mensajes subliminales en sus obras, como la utilización de colores sombríos, los rostros de las personas como si estuvieran enojados o angustiados y, especialmente, la desocupación y falta de actividad económica. Desde lo meramente explícito, muchos artistas agregaban en sus obras diarios con titulares de protestas, libros de ideología de izquierda o panfletos.
           Artistas como Ralph Stackpole y Bernard Zakheim fueron de esta partida. Pero hubo dos casos que resultaron paradigmáticos: Diego Rivera y Siqueiros.

Biblioteca de Bernard Zakheim

Zakheim pintó a Ralph Stackpole leyendo en un diario
sobre la destrucción del mural de Rivera.


          Diego Rivera fue contratado por John Rockefeller Jr para realizar un mural en su nuevo edificio de la Quinta Avenida, en New York. El mural de Rivera, llamado El hombre en el cruce de caminos incluía la figura de Lenin. Rockefeller mandó destruirlo - por eso si visitan el 30 Rock hoy en día no van a poder verlo. Rivera regresó a México y volvió a pintar el mural en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes.

Detroit Industry - Siqueiros

           Otro caso paradigmático fue el de David Alfaro Siqueiros. Al igual que con el mural de Rivera, Siqueiros pintó America Tropical en Olvera Street en Los Angeles. El mural fue cubierto pero en 2012 fue rescatado por el Instituto Getty de Conservación. Siqueiros también pintó en la Fábrica Ford en Detroit cuatro murales que fueron atacados por la prensa pero defendidos por el mismísimo Edsel Ford, hijo de Henry Ford.

America Tropical - Siqueiros

Federal Music Project
         Al igual que el proyecto de artes, el Proyecto Federal de Música tuvo como objetivo emplear músicos, directores de orquestas y compositores. Para esto, se organizaron laboratorios de compositores, se crearon orquestas y hasta se comenzó una investigación de la etnomusicología americana.

Federal music Project en New Orleans

         Para promocionar músicos se organizaron conciertos de muy bajo costo, se daban lecciones de música para gente de bajos recursos, se organizaron programas de apreciación musical para niños y entrenamiento especial para músicos.

Carteles del Federal Music Project

         Desde 1936 se crearon 36 orquestas sinfónicas. Para fines de la década - 1939 - 9.582 músicos estaban empleados en 441 proyectos.

Se le dio mayor importancia a las formas tradicionales de la música - folk, country, blues - y se dio énfasis a la música hispana en Nuevo México. En esta promoción de la música tradicional se destacaron Woodie Guthrie (que se convirtió en un influyente músico de folk. 



          






 Lo van a recordar por su famosísima canción “This land is your land”) y Pete Seeger (otro famoso músico de folk cuya canción “We shall overcome” hicieron muy famosa Bob Dylan y Joan Baez en los años 60).

Pete Seeger


Federal Theatre Project
         Este Proyecto Federal de Teatro tenía como objetivo la promoción de artistas, escritores de teatro y productores de teatro y otros programas de entretenimiento y espectáculos.

Carteles auspiciando obras teatrales del Federal Theatre Project

      Actores posteriormente muy reconocidos participaron de este proyecto: Burt Lancaster, Henry Fonda, James Cagney, Tyrone Power y Bette Davis.
          Se llevaban obras de teatro a todos los estados. Se estrenaron obras en 41 ciudades en 31 estados. 12.700 actores más escritores, bailarines, músicos, técnicos, acomodadores, trabajadores de mantenimiento y personal de boletería participaron en este proyecto federal de teatro.  350.000 estadounidenses participaban de espectáculos semanalmente. Al igual que en otros proyecto, se dio énfasis a la cultura afro americana.


         Para abarcar a varias comunidades inmigrantes se presentaban obras en otros cinco idiomas además de inglés. Llegó a haber 21 obras en italiano y 45 en yiddish. 


         La temática de las obras era variada pero se puede agruparlas en: temas históricos, problemas de viviendas en las grandes ciudades o los problemas que acosaban a los granjeros. También había funciones de marionetas y adaptaciones de cuentos para niños.
       Se ha filmado una película sobre este proyecto federal llamada The Cradle Will Rock, que trata los problemas políticos, ideológicos y sindicales para montar el musical The cradle will rock en 1937 Si pueden conseguirla véanla, ilustra muy bien cómo eran los proyectos federales y cómo fue esta época de la gran depresión.


Federal Writer’s Project
          El objetivo del Programa Federal de Escritores fue dar apoyo y financiamiento a escritores. De este proyecto participaron 6 mil escritores. 


        Además de libros,a través de este proyecto se realizaron guías turísticas para ciudades y estados así como también organización de documentos históricos a nivel regional. Dentro de este proyecto se priorizaron las historias orales, es decir, conseguir una visión exacta y honesta del tipo de vida que vivía la gente del sur. Especialmente la gente rural. También se realizó un proyecto de historia de la esclavitud llamado “Born in slavery” (Nacido en la esclavitud) para el cual se realizaron 2 mil entrevistas en 17 estados. Algunos de los entrevistados tenían más de cien años. Contaban cómo era la vida en las plantaciones.





         Entre los famosos escritores que trabajaron en este proyecto, el más conocido es John Steinbeck, quien en 1939 ganó un premio Pulitzer por “Las uvas de la ira”, crudo relato de la Gran Depresión. Otros escritores fueron Saul Bellow, John Cheever, Zora Neale Hurston y Richard Wright.
          















       

          Es importante destacar la impronta de los documentales durante esta época. En los años de la Gran Depresión las fotografías se alejaron de los estudios para poder documentar la crisis en primera persona. Se documentó la crisis y se incorporaron los problemas sociales a los trabajos artísticos.

Fotografía de Dorothea Lange

           Los encargados de documentar la crisis fueron fotógrafos como Dorothea Lange (tal vez haya realizado la fotografía más emblemática de la Gran Depresión), Roy Stryker, Margaret Bourke-White, Walker Evans, Arthur Rothentein y Carl Mydans. En las fotografías se destacaba la desnutrición, el analfabetistmo, las carencias y, especialmente, los prejuicios raciales.



          El objetivo, básicamente, era demostrar a la ciudadanía y convencerla sobre la necesidad de la intervención del estado. Por eso, las fotografías que vemos no eran casuales. Los fotógrafos, como Margaret Bourke-White, han contado que han esperado hasta una hora por lograr la expresión correcta de las personas que fotografiaban. Pero también tenían otro objetivo estas fotografías que era dar un mensaje a la población sobre las fortalezas del pueblo americano y de cómo se puede salir de la crisis y volver al sueño americano.


        Claro que, al igual que ocurrió con los muralistas o con el programa federal de teatro, los fotógrafos son espíritus libres que, además de fotografiar lo que les pedía el gobiernos, fotografiaban lo que querían. En el caso de Dorothea Lange, cuando comenzó a fotografiar los guetos de japoneses en la Segunda Guerra Mundial - conocidos como internments. Eso ya no le hizo gracia al gobierno. (Pueden ver el post Los otros guetos de la Segunda Guerra Mundial del año 2011)
        Podría escribir diez post más sobre la temática de la Gran Depresión. Cada proyecto, cada año, cada fotografía, cada película, cada libro, me parece fascinante. El tema de los muralistas es muy extensos y ha dejado una importante impronta en la Costa Oeste. Pero ya bastante largo es este post. Más adelante trataré de ir desmenuzando cada proyecto de estos años.
         Los dejo con el trailer de la película The craddle will rock que vuelvo a recomendar por representar tan bien esta época.